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Quizá una de las narrativas más inquietantes y poéticas que se producen
actualmente en México es la de Mario Bellatín quien de ninguna manera pretende inaugurar una vanguardia, quizá porque las vanguardias fueron movimientos artísticos inaugurados y con sentido en el primer cuarto del siglo XX . Su ya vasta obra consta de varios textos breves, muy condensados y producidos en un período también muy corto, como si su autor quisiera quemar etapas, los enumero: La mujer de sal, publicada en Perú en 1986; Efecto invernadero, biografía ficticia del poeta peruano César Moro, obra que al publicarse engendró reacciones críticas en Perú, en 1992, como consta en las siguientes frases: El “efecto Bellatín” o “Bellatín , vanguardia tormentosa”. Le siguen Canon perpetuo, Damas chinas, Salón de Belleza, publicadas también en el Perú y reeditadas luego en México, y esta última traducida al francés y finalista en el premio Médicis del año 2000. Ya en México, donde está desde 1996, ha publicado numerosos textos como Poeta ciego en 1998, ahora traducida al alemán; El jardín de la Señora Murakami en 2000 y Flores, del mismo año y que apareció en la editorial chilena Lom con un tiraje limitado a cien ejemplares, en una colección intitulada adecuadamente Matadero y reeditada en 2001 en la editorial Joaquín Mortiz, con la que ganó el Premio Xavier Villaurrutia en enero del 2002. En 2001 publicó Shiki Nagaoki, una nariz de ficción en Editorial Sudamericana, en Madrid, y en 2002 dos novelas más, La escuela del dolor humano de Zechuán en Tusquets y Jacobo el mutante en Alfaguara. Su obra reunida apareció en Alfaguara en 2006 y en Anagrama se han editado Flores, Lecciones para una liebre muerta . A partir de 2001 fundó y dirige la Escuela dinámica para escritores, un experimento singular e inédito donde se forman de manera muy original y creativa escritores y lectores.
En Flores, con su obvia alusión a Las flores del mal de Baudelaire, aunque las de este libro sean predominantemente flores de plástico, Bellatín construye un texto a manera de emblema:
Existe, dice, una antigua técnica sumeria que para muchos es el antecedente de las naturalezas muertas, que permite la construcción de complicadas estructuras narrativas basándose sólo en la suma de determinados objetos que juntos conforman un todo. Es de este modo cómo he tratado de conformar este relato, de alguna forma como está estructurado el poema de Gilgamesh. La intención inicial es que cada capítulo pueda leerse por separado, como si de la contemplación de una flor se tratara .
El libro se organiza en torno a un tema recurrente, las malformaciones causadas por efecto de la ciencia, y sin mencionarse directamente, la talidomida que produjo bebés mutilados, la narración se desarrolla en Alemania, de manera vaga e incierta, en el contexto de un laboratorio donde se inventan y fabrican los productos causantes de las mutaciones, un laboratorio que bajo el pretexto de la investigación científica causa daños irreparables a los pacientes y evoca sutilmente la tradición inaugurada por los campos de concentración nazis. En la novela se construye espacios cerrados, concentracionarios, recurrentes en los textos de Bellatín: los templos donde se celebran ceremonias secretas, los orfanatorios, los asilos de ancianos, los baños públicos, los salones de belleza, los invernaderos, lugares en los que se ofician extraños rituales, se propicia la contemplación y participan personajes inscritos en una secta por su carácter de marginados.
En Salón de belleza, su texto más conocido y del cual se hizo una obra de teatro, Bellatín subraya el efecto de irrealidad, de cerramiento, gracias a una prosa exacta que dibuja como si ella misma fuera un bisturí una sala de operaciones o de disección, un acuario, una linterna mágica. Un espacio vacío y sin embargo quirúrgico, alucinatorio, poblado minuciosamente de objetos y de seres en trance de morir que acentúan el carácter ritual de la narración y multiplican al narrador y lo escinden en varios personajes que son el mismo, sin embargo, puesto que reproducen la figura del narrador, esto es evocan al propio Bellatín, quien en un acto de prestidigitación, presente en todos sus textos, desaparece para dejar en su lugar una atmósfera de belleza y destrucción: la metáfora de la enfermedad, en este caso el sida que nunca se nombra en la novela.
El epígrafe de Flores, supuestamente escrito por un Premio Nobel de Física que lo recibió en 1960, remite de manera ambigua y muy borgiana a datos fidedignos, podrían conformar en cierta forma la biografía del autor, nacido ese mismo año de 1960, y cuyo brazo derecho es ortopédico, un brazo artificial que suple al que le falta:
Recuerdo cuando acudí donde un anciano y reputado médico homeópata. Me llevó mi padre, yo era un niño. En ese tiempo usaba yo una mano ortopédica. El médico la asió para tomarme el pulso. Yo estaba tan intimidado que no hice nada para sacarlo de su error. El honorable médico atenazó con fuerza la muñeca de plástico. Pese a todo, en ningún momento me dio por muerto. Al contrario, mientras iba contando las supuestas pulsaciones le dictaba en voz alta a su ayudante la receta que curaría todos sus males.
El tono confidencial del pasaje se neutraliza rápidamente: la exacta descripción de un defecto congénito y la inscripción de una fecha podrían indicar un dato autobiográfico, pero el Escritor (así también llamado un personaje de otra de sus novelas, Canon perpetuo) no está dispuesto a entrar en el terreno ambiguo, aunque realista, de la autobiografía, terreno tan ampliamente explorado en la literatura por lo menos desde las Confesiones de Rousseau.
Shiki Nagaoki: Una nariz de ficción, fue editada por la editorial Sudamericana, actualmente propiedad del grupo Plaza y Janés, en ese proceso aparentemente definitivo que se va tragando a las editoriales y las hace formar parte de grupos trasnacionales, otro de los efectos del mercado. Varias de las novelas de Bellatín -Damas chinas, Murakami, Sechouán, Shiki Nagaoki--, se inscriben, aunque sólo fuera por su título, dentro de la tradición oriental. ¿Por qué, cabria preguntarse?
“... el Oriente me es indiferente, declara Roland Barthes en Imperio de los signos, el Oriente me proporciona simplemente un conjunto de rasgos cuyo despliegue, ese juego inventado, me permite privilegiar la idea de un sistema simbólico desconocido, enteramente distinto del nuestro. Lo que puede advertirse acerca del Oriente no son otros símbolos, otra metafísica, otra sabiduría (aunque ésta parezca muy deseable), es la posibilidad de una diferencia, de una mutación, de una revolución en la articulación de los sistemas simbólicos .
Y esa revolución sería, de nuevo para Barthes, el hecho de que el Japón dispara o propicia en el escritor justamente la “posición de escritura”, “situación en la que se opera una cierta ruptura de la persona, un trastrueque de las antiguas lecturas, una sacudida del sentido, que se desgarra y se extenúa hasta constituir un vacío insubstituible sin que el objeto deje jamás de ser significante y objeto de deseo”.
Cita que resume adecuadamente, a mi modo de ver, el umbral donde Mario Bellatín se sitúa para producir sus textos. Una situación elaborada sobre una tradición distinta a la propia que le otorga a su obra otro sentido, el de una reescritura o una traducción, dato subrayado por la inclusión en el cuerpo del libro de los textos japoneses que han dado origen al relato de la vida de Shiki Nagaoki, dato remachado, además, y en reiterada circularidad, por la presencia de los epígrafes provenientes de cada uno de esos mismos textos, es decir, de un anónimo japonés del siglo XIII, en el que está inspirado a su vez el cuento La nariz, escrito en 1916, por Akutagawa Ruynosoke, el clásico autor japonés a cuyo nombre se entrega anualmente en Japón el premio más prestigiado de ese país. El tema del relato remite, como en Flores, a una malformación congénita, a un personaje cuya nariz descomunal – su defecto- se convierte desde su nacimiento en objeto de ficción. ¿Experimento autobiográfico? Quizá, si se subraya el efecto que sobre el texto tendrán, desmitificándolo, la parodia, la cita y la traducción como sistema, un sistema codificado que a Shiki Nagaoki, como él mismo lo afirma- y puede pensarse que a Bellatín también-, le permite “hacer circular los relatos de una caligrafía occidental a ideogramas tradicionales, mediante los que es posible conocer la verdaderas posibilidades artísticas de cualquier obra.”
Paradójicamente, vuelvo a insistir, en esto radicaría lo autobiográfico, si puede haberlo, y no en el dato mismo de una malformación genética enarbolada como burladero y como punto de partida del relato. Reitero, lo autobiográfico se instalaría en una propuesta de escritura original, a pesar de que en ella colaboran otras escrituras colocadas en abismo, “la lectura de textos traducidos donde pueda hacerse evidente la real esencia de lo literario que, dice el autor de la novela que comento, de ninguna manera, como algunos estudiosos afirman, está en el lenguaje”. Y el resultado de esa inmersión en las literatura e idiomas extranjeros es un tratado de Shiki Nagaoki, aparecido tardíamente, intitulado Tratado de la lengua vigilada, que revela tautológicamente su profunda originalidad y su absoluto apego a su propia tradición escrituraria: “Esa devoción sin límites a las prácticas ancestrales, aunque adaptadas a su sistema particular, lo convirtió en un autor poco común en una época en que la gran mayoría de artistas parecía deslumbrada por las recién descubiertas formas de expresión extranjera”.
Lo que escribo obedece a un sistema literario que me he inventado y he ido perfeccionando con el tiempo, reitera Mario Bellatín en una entrevista inédita. Creerlo me sirve mucho porque me da la sensación de que los libros van formando un todo orgánico, que las historias que cuento pasan a segundo plano y lo que resalta es la literatura.
Estamos ante un encadenamiento sucesivo de textualidades cuyo signo remitiría a un procedimiento que en el campo de la música se conoce como el tema y sus variaciones, en donde se trabaja sobre un tema dado, reproducido y traspuesto con aditamentos que suelen transformar casi totalmente el material de base, conservado sin embargo como sustento del texto, a manera de palimpsesto. Este sistema escriturario descrito minuciosamente en otros textos de Bellatín, por ejemplo en “Buscar el sentido de mostrar fotos tasajeadas”, un fragmento de La Escuela del Dolor Humano de Sechouán, ilumina otro de los elementos que conforman el libro, la inclusión de un montaje de fotografías de Ximena Berocochea ( quien vuelve a compartir con Bellatín su último experimento publicado, Jacobo el mutante), con el fingido objeto de realzar o ilustrar los textos, aunque en realidad, lo que se pretende es un juego, un artificio, el de producir , entre otras cosas, un efecto de comicidad que desmiente la posible tragedia del protagonista cuyo apéndice monstruoso es más bien objeto de burla que de compasión. Asimismo, la apropiación de sistemas escriturarios y simbólicos que se fundamentan en la cita, culta y oculta, como bien se subraya en el texto que transcribo enseguida, cuyo objetivo, y no el menor, sería igualmente anular el efecto de realidad, la presunción siquiera de que podría existir una literatura realista:
Quizá el aporte más significativo de Lin Pao, el legendario protagonista de este relato situado en Sechouán, fue la pretensión de sistematizar sus conclusiones. Los últimos años de su vida los dedicó a describir las formas de un dolor que para muchos sólo se presenta en su aspecto negativo. Aquel texto fue destruido por las autoridades del Imperio durante los años más duros de la hambruna que asoló la región central a fines del siglo XVI. ... De la lectura de las telas bordadas que en secreto confeccionaron los seguidores inmediatamente después de la destrucción del manuscrito, llaman especialmente la atención las reflexiones que se producen a partir del estudio de las probabilidades de la Cámara Obscura. En ellas se plantea la duda sobre si la verdadera imagen se encuentra en el instante en que se genera o en sí misma”
El texto sería entonces una desgarradura, un fragmento incompleto que pretende comunicar verdades inconclusas, aparentes, en un afán falsamente detectivesco por determinar los motivos “reales” que han producido ciertos efectos. O como diría Almanzi refiriéndose a Magritte analizado por Foucault: “En esta perspectiva es importante mantener una rigurosa mala fe, una técnica de severa incomprensión”. Se trata de instalar al escritor en una zona ambigua, más bien, instalarlo no en la posición de un escritor sino en la de un “traductor-biógrafo”, en un disparador de ficciones autoreferenciales pero engañosas:
Quisiera preguntar, explica : díganme ustedes qué elemento de este texto no es japonés o japonés, o es vietnamita.. el texto en sí mismo no tiene elementos. ¿Hasta qué punto es pretencioso, y artificioso, e incluso forzado, jugar con todos esos elementos constitutivos del texto, extraliterarios?
Shiki Nagaoki abandona el monasterio donde ha estado recluso durante cerca de 13 años; cambia de oficio, de monje budista se convierte en revelador de fotos, a través de las cuales, perfecciona uno de sus descubrimientos primordiales: la naturaleza es sólo aprehensible si se contempla tamizada por una imagen, la que se obtiene de una lente fotográfica, esa traducción de lo real, o mejor, esa construcción artesanal que como la literatura nos sitúa en un enigmático umbral, la apropiación de la irrealidad mediante una complicada técnica, como lo asegura otro de sus relatores omniscientes y, que, como en todas las obras de Bellatín, revela el profundo interés de su autor, como la mayoría de los poetas actuales, por hacer coincidir la obra misma con su elaboración, es decir, la obra como el proceso de la creación:
Quizá la única forma de poner fin a esta práctica de aniquilamiento sea precisamente llevando adelante, en otra sociedad, las enseñanzas que el pedagogo Lin-Pao ideó para la Cámara Obscura. La situación por la que pasan actualmente los seguidores del pedagogo necesitan de un ojo con una perspectiva distinta que la represente. Sólo de ese modo la sentencia de que nadie puede saber si la foto está en el disparo o en sus resultados puede tener algún sentido.
Margo Glantz
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